Demostrar con los ergónomos las enfermedades profesionales por no practicar la ergonomía

ergonomia

Entre los muchos estereotipos generados por el saber popular que no clarifica una práctica limitada y un cuerpo científico conformándose, seguimos asistiendo a discursos reiterativos e impertinentes que continúan asociando la ergonomía y confort, confundiendo la ergonomía y “ergonómico” o repitiendo “lo de la adaptación” con fe, por la posición marginal que los ergónomos tiene en la realidad de la gestión preventiva.

La Ergonomía – que para mí, debe ser y debiera ser el centro de la prevención de riesgos, puesto que es lo que está en la base de la concepción de los medios de trabajo – es, sin embargo, con harta frecuencia, con dolorosa frecuencia, una disciplina reducida al cambio de mobiliario, a chequear los puestos informáticos o a tratar sobre la carga física. Debe ser una disciplina que desde la reflexión sobre el trabajo, intente en un amplio sentido mejorarlo. Una disciplina que no debe limitarse a un tercio del hombre o a un tercio de la prevención, sino que ha de comprometerse denunciando los fallos y los déficits preventivos que conlleva la ausencia de implantación y desarrollo. Un ejemplo de ello son las enfermedades musculoesqueléticas, las cuales han sufrido un especial incremento/reconocimiento en nuestro país.

La actualización del listado de enfermedades profesionales ajustándola a la realidad, contemplando las patologías generadas por las nuevas formas de organización del trabajo no es más urgente que el reconocimiento legal de las enfermedades musculoesqueléticas, desde la orientación del cuadro legal, referida a las ocupaciones que pueden originarlas. Es decir, la intervención del ergónomo “autónomo”, para analizar la actividad de trabajo y relacionar factores de riesgo y daño, resulta cada vez más determinante, al margen que la profesión de los trabajadores no sea la de sastre, ordeñador de vacas, herrero o minero. Las dificultades existentes para determinar con certeza las causas especificas relacionadas con el trabajo, aunque existan otras no laborales, y luego relacionarla directamente con una exposición laboral, son mayores si no se cuenta con el informe de expertos imparciales y principalmente el del especialista en Ergonomía. La tarea de lograr un mayor reconocimiento jurídico y social de estas enfermedades pasa por una mayor ocupación de expertos en Ergonomía y Psicosociología Aplicada, junto con su inclusión dentro de los equipos de valoración de incapacidades (EVI) lo cual debería ser una práctica más habitual de lo que es con los expertos en seguridad e higiene.

Cuando reconocemos las posturas, los esfuerzos y la repetitividad en estas enfermedades, debemos reconocer igualmente las posturas de los gestores de las organizaciones y los esfuerzos de resistencia a la implantación de la Ergonomía. La insistencia de ligar estas enfermedades a los conceptos y la metodología ergonómica no basta para encontrarnos de modo insistente con enfoques exclusivamente médicos (protocolos y tratamientos) o de acrósticos con referencias metrológicas.

La prevención de los daños provocados por heterogéneos y múltiples factores de riesgo significa entender el concepto integral del trabajo y de la condiciones de trabajo. Comprender que la ejecución de trabajos en condiciones ergonómicas y biomecánicas adecuadas no es independiente de los factores de riesgo psicosociales.

Si no se da un cambio en la aplicación/implicación de la Ergonomía en la prevención de las enfermedades musculoesqueléticas, el ergónomo será el experto, el perito judicial que desde la Ergonomía Forense intentará probar la culpabilidad por la omisión en la acción preventiva y/o de concepción de los sistemas de trabajo. Existen factores de riesgo que generan lesiones músculo-esqueléticas y Enfermedades Profesionales porque sólo se permite una práctica determinada de la Ergonomía que se apoya en los “dos reales decretos ergonómicos” y por carencias de intervenciones ergonómicas en la organización del trabajo. Siendo reconocido el aumento de las enfermedades profesionales por no practicar la Ergonomía, y las dificultades de reconocimiento; la creación y desarrollo de un plan de acción ergonómico resulta fundamental. Desarrollar un plan ergonómico en las organizaciones para prevenir estas enfermedades implica:

  • Mayor aplicación de la Ergonomía, transmitiendo formación y experiencias que sirven para que las organizaciones, particularmente gestores, tomen conciencia de estos riesgos y puedan identificar problemas de naturaleza ergonómica.
  • Plantear frente a las actuaciones reactivas o de atención a las demandas un enfoque participativo donde los trabajadores son protagonistas desde el principio hasta las acciones correctivas o los cambios que se propongan. Esta gestión participativa contribuye a la mejora de la comunicación en la empresa.
  • La contratación y/o empleo de los verdaderos especialistas (ergónomos), con la renuncia / denuncia del “triespecialista” es un principio, su utilidad vendrá dada por la manera en la que se planifique la gestión de estos riesgos y en ese sentido la participación de los trabajadores es capital.

Tomado de: www.estrucplan.com.a

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